Muchas personas piensan que coach o entrenador son sinónimos siempre, pero no es lo mismo ni se escribe igual. Entiende aquí el fundamento detrás de esto.

¿Coach o entrenador?

El coaching es un término que está de moda desde hace ya algún tiempo en los círculos sociales y profesionales. Han transcurrido cerca de 15 años desde que escuché el término por primera vez.

Cuando supe de esta metodología pensé que era lo mismo que un entrenamiento o capacitación, solo que en lugar de un proceso grupal, se trataba de un proceso uno a uno. Es más, traté de ponerla en práctica con un cliente sin entrenamiento formal. Los resultados que obtuve me llevaron a darme cuenta que no era lo mismo.

Tal y como me sucedió a mi, la popularización del término “coaching” ha llevado a que muchas personas lo utilicen y apliquen de forma no apropiada. He escuchado a líderes decir: “Ayer le hice coaching a mi equipo y les dejé muy clara mi perspectiva sobre el tema”. Esta frase demuestra que quien la expresa no conoce el verdadero significado del término. ¿Por qué? Pues porque un coach se caracteriza por “preguntar”, no por “instruir”.

Si te interesa conocer parte de la historia que consolidó el significado actual del término «coaching» y hacer una distinción profesional entre un “coach” y un «entrenador”, entonces este artículo está escrito para ti.

No es lo mismo ni se escribe igual

En Wikipedia afirman que coaching es un anglicismo que procede del verbo inglés «to coach» que significa “entrenar”. Afirman que es un método que consiste en acompañar, instruir, o entrenar a una persona o a un grupo de ellas, con el objetivo de conseguir metas o desarrollar habilidades específicas.

No obstante, afirmar que el coaching consiste en instruir o entrenar puede generar aún más confusión y se aleja de la práctica profesional actual. Es cierto que un coach acompaña, pero en los procesos de coaching la persona toma conciencia de los hechos a través de sí misma, no de la instrucción del coach.

El Diccionario de Oxford, define el sustantivo “coach” como un instructor o entrenador en los deportes. Tal y como he venido mencionando, la concepción del coach relacionada con adiestrar, dar indicaciones, comunicar hechos, lejos de ayudar termina perjudicando pues estas cosas no guardan ninguna relación con la esencia actual del coaching.

De hecho, el significado del término “coaching” aún no existe en el diccionario de la Real Academia Española (RAE), existe el término “coach” cuya definición es: “persona que asesora a otra para impulsar su desarrollo profesional y personal”. ¿Te das cuenta que coach o entrenador no es lo mismo?

Según Jesús María Martínez, la palabra “coach” palabra fue incorporada por RAE en la 23ª edición del Diccionario, publicada el 16 de octubre de 2014. Lo interesante es que coaching no es asesoramiento. El asesor es sinónimo de consultor o consejero y ambas son disciplinas distintas al coaching. En caso que estas diferenciaciones te interesen, visita la entrada «Qué no es coaching» para profundizar aún más en la diferencia entre coach o entrenador, así como con otras disciplinas.

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Asociación de Coaching

El hecho de que el significado del término “coaching” aún no haya sido incorporado por la Real Academia Española, nos generó mucha dificultad para registrar legalmente en Panamá una asociación que incluyera dicho nombre. En el año 2007 recibimos el registro legal de la Asociación de Coaching Panamá.

El proceso de inscripción nos tomó dos años. Esto obedeció a que las leyes panameñas no permiten que el nombre de una asociación incluya términos en inglés. Por esta razón, se nos aprobó la constitución legal de dicho gremio utilizando la traducción del término al español, incluyendo un alias con “coaching” entre paréntesis. El nombre oficial es: “Asociación de Entrenadores Panamá (Asociación de Coaching Panamá)”. El problema es que coach o entrenador no es lo mismo.

El término entrenador está más relacionado al ambiente deportivo. Si buscas la palabra en Wikipedia encontrarás el siguiente significado: “es la persona encargada de la dirección, instrucción y entrenamiento de un deportista a nivel individual o de un colectivo de deportistas”. Veamos cómo el significado actual del coaching procede del deporte, pero termina teniendo un trasfondo distinto.

Antecedentes deportivos

El libro “Coaching con PNL” escrito por Joseph O’Connor y Andrea Lages, afirma que a pesar de que en los últimos años el coaching ha evolucionado para aplicarse a todos los ámbitos de la vida, aún lleva la impronta de sus orígenes deportivos con énfasis en la acción, en los logros, en la excelencia, en ser el mejor y en la importancia de los resultados medibles.

Los autores afirman que en 1974 apareció el influyente libro de Timothy Gallwey titulado “The Inner Game of Tennis”. De hecho, si el coaching puede asociarse con algún libro es sin duda con éste. 

Juego Interior

John Whitmore, en su libro “Coaching: El método para mejorar el desempeño de las personas”, nos amplía sobre el juego interior. Señala que Timothy Gallwey, experto en educación y tenis en la Universidad de Harvard, utilizó la palabra “interior” para indicar el estado interno del jugador.

Gallwey solía decir lo siguiente:

«El oponente que habita en al cabeza del propio jugador es más formidable que el que está del otro lado de la red en la pista de tenis».

¿A qué se refería con esto? Sencillo, cualquiera de nosotros que haya vivido un día en las pistas de la vida comprenderá perfectamente a lo que se refería. En cualquier situación en la que tengas que desempeñarte para generar un resultado existen dos adversarios. Uno es el oponente externo. Usualmente está del otro lado de la pista, del estadio, del ring, de la mesa de conferencia, del escritorio, de la sala conferencias, etc. El otro es el oponente interno: las limitaciones del atleta o persona, su estado de ánimo, la voz interna que sabotea y juzga, etc.

Sea cual sea el contexto, para ganar el juego externo primero tienes que ganar el interno. El desafío está en que muy a menudo el oponente interno es el más duro de los dos oponentes. Me gusta afirmar lo siguiente:

«Para ganarle a otros primero tienes que vencerte a ti mismo».

Gallwey identificó este oponente como la parte de nosotros que piensa demasiado, que analiza en exceso y que le mete muchas ganas, de tal modo que tanto esfuerzo termina interfiriendo con la acción. Tantas ganas, en última instancia, termina impactando negativamente los resultados.

Antecedentes deportivos

El coach puede ayudar a un jugador a reducir el oponente interno que afecta su desempeño. Cuando esto se logra, según Gallwey, surge en el jugador una capacidad natural sin necesidad de transmitirle instrucciones técnicas en exceso. La frase: «sin necesidad de transmitir instrucciones en exceso», termina distanciando al coaching de la instrucción. 

En ese entonces, muchos entrenadores profesionales se mostraron reacios a creer estas ideas, y mucho menos a adoptarlas. Sin embargo, los jugadores de tenis las devoraron con entusiasmo hasta el punto de convertir los libros de Gallwey en best sellers.

La razón del rechazo era clara: si la participación activa de los entrenadores disminuía en los procesos de enseñanza de algún deporte, sus roles perdían protagonismo en los entrenamientos a través de este nuevo método, lo cual amenazaba seriamente la razón de ser de su función.

Propósito del coaching

En lo relativo a la esencia del coaching, Gallwey había dado en el clavo. En efecto, el coaching consiste en liberar el potencial de una persona para incrementar al máximo su desempeño. Consiste en ayudarle a un jugador a aprender, en lugar de estar enseñándole.

Lo interesante es que el entrenador da instrucciones con la mejor intención, pero termina activando el juego interior del atleta y afecta negativamente la curva de aprendizaje.

La mayoría de los profesionales del tenis le dicen a sus alumnos “¡Mira la pelota!”. El alumno sabe que debería mirar la pelota. Trata de mirarla, pero en ese momento su ganas de intentarlo interfieren con su ejecución al mirar. El problema es que esa declaración: “¡Mira la pelota!”, es una instrucción demasiado general. ¿Mirarla para qué?, ¿Cómo?, etc.

Gallwey encontró un modo de ayudar al jugador a mirar la pelota objetivamente esquivando el oponente interior, quien tiende a emitir juicios negativos sobre su desempeño como: “soy un mal jugador”.

El método de Gallwey

El nuevo método desarrollado por Tim Gallwey se sustentaba básicamente en hacer preguntas al jugador. Por ejemplo: “en el próximo saque quiero que observes la costura de la pelota mientras se acerca y te voy a pedir que respondas la siguiente pregunta: ¿En qué sentido viene girando? Esta resultó ser una magnífica pregunta que generaba efectos indirectos en varios niveles.

En primer lugar, demandaba mayor concentración que la usual de parte del jugador. El jugador simplemente estaba concentrado en el juego y no en su voz interior. En segundo lugar, la respuesta era una descripción y no un juicio, porque no dependía del golpe que se está planeando. Cuando el jugador no se está preocupando por la calidad de su próximo golpe y solo está mirando la pelota tan intensamente como le era posible, paradójicamente, su golpe mejoraba y de igual forma su desempeño.

Tim Gallwey fue quizás el primero en evidenciar un método simple pero general de coaching que se podía aplicar de inmediato a casi cualquier situación. No es así de extrañar que se dedicara más a menudo a dar conferencias a líderes empresariales en Estados Unidos que a deportistas, aunque se sospecha que sus oyentes también aspiraban a mejorar sus respectivas prácticas deportivas.

Fue así como la metodología del Juego Interior fue uno de los primeros modelos de coaching en saltar la barrera de los deportes a los negocios, a través de nuevas prácticas basadas en preguntas y alejadas de la instrucción que caracterizaban al tradicional entrenador.

Los libros de Gallwey coincidieron con la aparición en el ámbito de la psicología de un modelo más optimista de la humanidad. La vieja perspectiva conductista, utilizada por los entrenadores, sugería que los seres humanos somos poco más que recipientes vacíos en los que el conocimiento se debe verter.

A diferencia, el nuevo modelo humanista sugería que como seres humanos somos más similares a una bellota, que contiene en su interior todo el potencial para convertirse en un majestuoso roble. Necesitamos alimentos, estímulo y luz para crecer, pero el roble ya se encuentra en nuestro interior. El coach es precisamente un estímulo más que libera el potencial a través de preguntar.

San Agustín de Hipona, afirmó algo parecido a lo que hemos venido planteando en su libro «El Maestro»: “Los maestros no enseñan nada. Cada educando aprende de su propia luz interior, que le permite descubrir y comprender. La verdad no se enseña, sino que se destapa y descubre”. Estos planteamientos, que datan de una época antigua, cerca del año 400 D.C.,  coinciden plenamente con el significado actual que se le da a la metodología del coaching.

Conclusión

El coaching emergió para cuestionar la forma en que las personas aprenden, así como la forma en que enseñamos e instruimos a los demás. En lugar de decir a otros lo que tienen que hacer, el coach actúa como caja de resonancia para que los demás escuchen su propia voz, sus propias respuestas. Pero la función de un coach o un entrenador no son lo mismo, ni se escriben igual.

Para catalizar los procesos de cambio y aprendizaje el coach tiene preguntas, el cliente tiene las respuestas. El coaching no es directivo, es inspiracional. No se trata de instrucción, sino de iluminación, pues es a partir de la luz que emerge de las neuronas del propio coachee que el camino se ilumina para ser recorrido. El coaching faculta el cambio desde la motivación, no desde la imposición.

Como práctica, el coaching está destinado a perdurar. Si bien con el pasar del tiempo el término podrá perder popularidad y se podrá transformar en otra palabra de moda, su esencia seguirá siendo una norma para todos aquellos que deseen liberar el potencial de otros y llevarlos a aprender, emprender y cambiar.

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