¿Qué es coaching? El coaching busca liberar el potencial de las personas analizando la estructura y organización de los pensamientos, sentimientos y comportamientos en búsqueda de la excelencia operativa. Según Wikipedia, un programador es aquella persona que escribe, depura y mantiene el código fuente de un programa informático, es decir, el conjunto de instrucciones que ejecuta el hardware de una computadora, para realizar una tarea determinada. Un coach es un programador experto en la depuración y mantenimiento de la experiencia humana.

Por esa razón, en esta publicación, vamos a explorar el coaching desde la perspectiva computacional, haciendo una analogía de nuestro cerebro con una computadora personal, para que puedas comprender el por qué hablamos reiteradamente de facilitar la mejor versión de uno mismo y de otros.

El cerebro como computador

El término computadora o computador (del inglés “com-puter” y éste del latín “computare” que hace referencia a calcular), es una colección de circuitos integrados y otros componentes relacionados que pueden ejecutar con exactitud, rapidez y de acuerdo a lo indicado por un usuario o automáticamente por un programa, una gran variedad de secuencias o rutinas de instrucciones que son ordenadas, organizadas y sistematizadas en función de una amplia gama de aplicaciones prácticas y precisamente determinadas, proceso denominado como programación. En el párrafo anterior afirmé que la persona que realiza este proceso se le llama programador.

Cerebro como procesador de computadora

Si te imaginas el cerebro como una unidad de procesamiento central que controla todas las funciones del organismo, entonces el sistema nervioso vendría a ser una red o entramado que envía mensajes en ambas direcciones entre el cerebro y las distintas partes del cuerpo. Lo hace a través de la médula espinal, la cual, partiendo del cerebro, desciende por la espalda y contiene nervios en forma de filamentos que se ramifican hacia los órganos y partes del cuerpo. Cuando llega un mensaje al cerebro procedente de cualquier parte del cuerpo, el cerebro le indica al cuerpo cómo reaccionar.

Veamos un ejemplo: si tocas accidentalmente un horno caliente, los nervios de la piel enviarán un mensaje de dolor al cerebro. Éste responde enviando un mensaje a los músculos de la mano para retirarla. Este proceso de intercambio de información dura mucho menos que el tiempo que tardas en leer esto.

Los patrones como programas

Si el cerebro es comparable a un procesador, nuestros patrones de pensamientos, sentimientos y comportamientos equivaldrían a sus programas, los“softwares”.

Si fuésemos capaces de cambiar estos patrones, del mismo modo que substituimos o actualizamos un programa informático, obtendríamos inmediatamente cambios positivos en nuestro funcionamiento. Conseguiríamos mejoras inmediatas en el modo en que pensamos, sentimos, actuamos y por ende en la forma en que vivimos.

Nuestra autorrealización como individuos nos permite llegar la mejor versión de nosotros mismos. La comparación con el ordenador explica también por qué la actualización de nuestros softwares internos resulta a veces tan difícil. Todos nosotros hemos intentado cambiar en algún aspecto de nuestra vida en más de una ocasión. ¿Cuándo fue la última vez que intentaste dejar de pensar en algo que te preocupaba, abandonar un hábito o transformar un sentimiento incómodo?

En muchos momentos hemos deseado ser diferentes en algún aspecto. Todos hemos ansiado cambiar algo de nuestra vida. Quizá tuvimos éxito en hacerlo o quizá experimentamos dificultad. No basta con tener fuerza de voluntad. Un vehemente deseo y esperanza no son suficientes para actualizar nuestro software. De nada nos servirá enfadarnos o repetirnos una y otra vez las mismas viejas instrucciones que nos hemos venido sugiriendo a nosotros mismos desde hace tiempo. “¡Vamos tu puedes!” o “¡Qué torpe eres!”.

Cambiar requiere añadir nuevas instrucciones a nuestros programas, justo allí donde son necesarias, donde no están actualizadas o dónde tenemos virus informáticos que estropean nuestro desempeño.

En el caso del ordenador, el correspondiente manual de instrucciones que acompaña el software nos explica cómo hacerlo. Con los seres humanos, el asunto se complica. Los seres humanos somos las únicas súper computadoras que pueden ser utilizadas por personal no calificado. Además, venimos sin manual de instrucciones. Al menos, así era hasta ahora.

Actualizándonos hacia una mejor versión

Lo que ofrece el coaching es un manual del software de nuestro cerebro y cuerpo. Probablemente tengas un computador en el trabajo o en la casa. Si es así, lo más seguro es que tengas instalado en éste varios paquetes de software, entre los cuáles puedes tener procesadores de texto, hojas de cálculo, programas de diseño gráfico, utilidades e incluso juegos.

Patrones como programas de computadora

Si tu computadora personal no ejecuta bien un programa, la haces revisar de inmediato. Si por otro lado, un programa que funcionaba bien ahora se ralentiza, también llamas a un técnico, corres un antivirus o actualizas el programa a una versión más reciente. Sin embargo, esto es precisamente lo que no hacemos con nosotros mismos.

Desarrollamos competencias que luego dejan de funcionar con el tiempo y en lugar de revisar nuestros programas seguimos ejecutando nuestra vida desde la intención de pretender resultados exitosos sin actualizarnos a una mejor versión, acorde a las nuevas circunstancias y a los tiempos actuales. Vivirse así es sinónimo de locura, es estar fuera de moda (“old fashion”), es vivir una vida con la versión original de un sistema operativo obsoleto que requiere una versión más actualizada del producto con el pasar de los años.

Cuando las personas nos vemos incapacitadas de lograr algo, empezamos a buscar excusas en lugar de ver nuestros resultados como un error en nuestra programación. Llegamos incluso a afirmar que carecemos de la capacidad necesaria, que tenemos un sistema de hardware defectuoso, dígase cuerpo inadecuado o sistema operativo no funcional, aún cuando sabemos que otros tienen el mismo sistema instalado, lo ejecutan con normalidad y generan resultados del tipo que nosotros deseamos. Incluso asociamos la programación nuestra a los designios del zodiaco para decir que todo es producto de nuestra fecha de fabricación. ¿Por qué no hacemos lo mismo con nuestras computadoras? A nadie se le ocurre pensar en la fecha en que fue ensamblado el computador cuando éste no funciona.

Cada vez que nos ponemos a pensar en los límites que experimentamos en cuanto a la capacidad de procesamiento o disponibilidad de los programas en nuestro ordenador, simplemente hacemos los ajustes necesarios a nivel de memoria o adquirimos el programa o la actualización necesaria para completar la tarea que se requiere o lograr el resultado que se pretende. Sabesmos sobreponernos a las limitaciones que se encuentran en el programa (software) y hasta en el computador (hardware).

“Si hiciéramos todas las cosas que somos capaces de hacer, nos sorprenderíamos a nosotros mismos”.


Thomas A. Edison

A pesar que las tecnologías empleadas en las computadoras personales han cambiado mucho desde que aparecieron los primeros modelos en los años cuarenta, la mayoría todavía utiliza la misma arquitectura. Esta arquitectura básica, según el modelo de John von Neumann, consiste de tres secciones principales: una unidad central de proceso, la memoria y los dispositivos de entrada y salida.

Igual que las computadoras están constituidas por una misma arquitectura, los seres humanos también estamos dotados de la misma neurología básica. Nuestra capacidad para realizar cualquier cosa en la vida, ya sea pensar, memorizar, y ejecutar todo tipo de acciones, desde leer algo, hasta practicar nuestro deporte favorito, pasando por el recuerdo de lo que hicimos ayer o imaginar el futuro que deseamos, depende de cómo controlamos nuestro sistema nervioso.

Tal y como estas tres secciones básicas han evolucionado con el tiempo, los seres humanos estamos llamados a transformarnos y reprogramarnos en una versión de nosotros mismos que se ajuste a nuevas realidades y expectativas de vida. A eso nos referimos en coaching a facilitar la travesía hacia la mejor versión de uno mismo y de otros. Me despido con esta cita.

“Deja que cada nuevo año encuentre una mejor versión de ti mismo”.

Benjamin Franklin

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